Respeto a la diversidad de creencias en la escuela
Está por iniciar lo que muchos llaman la mejor temporada del año. ¿El motivo? Las tradiciones que están por festejarse. En septiembre las banderas inundan los puestos de las esquinas; en octubre llegan las invitaciones a las fiestas de disfraces; en noviembre las familias se reúnen para recordar a los que se nos han adelantado; y finalmente, en diciembre: la Navidad. Desde el día 1 los villancicos invaden las calles y las tiendas.
Todo lo anterior suena bien y seguramente nos trae lindos
recuerdos, pero para algunas personas la llegada de estas fechas significa tener
que apartarse, soportar comentarios negativos, sentirse juzgados, excluidos,
dar explicaciones una y otra vez sobre el por qué no festejan lo que la mayoría
considera correcto. Las fiestas patrias, Halloween, Día de Muertos y Navidad
son tradiciones hegemónicas y quizá por ello pensamos que tenemos el derecho de
recriminar a los que no las practican. A muchos docentes les hace falta recordar
que existe diversidad de creencias y que se debe respetar a quienes no celebran
estas tradiciones, en lugar de señalarlos por no hacerlo.
Viene a mi mente el caso de una familiar que fue citada por
la maestra de su hija para indicarle que la niña sí o sí debía disfrazarse en
Halloween pese a que se le comentó a la docente que ellos no tenían esa
tradición como familia. Como profesores, debemos aprender a respetar las
creencias de los alumnos y sus familias porque de no hacerlo, además de no
estar respetando sus derechos, también los hacemos experimentar situaciones
incómodas.
Debemos dejar de mirar a nuestros alumnos desde una
perspectiva etnocentrista y empezar a percibirlos desde la diversidad cultural.
Esto no significa que se van a tolerar conductas que vulneren los derechos
humanos solo porque la creencia de alguien así lo señala o que se acepte el
maltrato a menores por conductas fanáticas. Tampoco hay que caer en el
relativismo.
Solo ten en mente que hay alumnos que no dan honores a los
lábaros patrios, no festejan Halloween ni Día de Muertos, no creen en Santa
Claus y tampoco festejan Año Nuevo. Si en la escuela les enseñamos que el no
celebrar lo anterior está mal… uy… los que estaremos mal seremos nosotros, pues
le causaremos angustia innecesaria al menor al enfrentarse al dilema entre si
está bien o mal lo que le han inculcado en casa.
Así que, en esta recta final del año, recuerda que para
muchos serán meses llenos de festejos y para otros no, simplemente serán días
normales y eso no significa que estén mal. Ni juzgar al que celebra ni juzgar
al que no lo hace.
Es simple: respeta la diversidad.

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